Si arrojamos una rana a una cazuela llena de agua hirviendo, nada más sentir el exagerado calor, dará un fuerte impulso a sus patas y saltará del agua, consiguiendo salvar su vida.
Pero si la ponemos en la misma cazuela, pero con agua fría o a temperatura ambiente, la rana se quedará tan tranquila.
Y si vamos subiendo la temperatura del agua poco a poco, se quedará tan a gusto en el agua templada. Y así hasta que, ya con el agua caliente y sintiendo que algo no marcha bien, consiga hacer sólo pequeños movimientos, incapaz ya de moverse con agilidad. Cuando el agua esté ya muy caliente la rana entrará en estado de dejadez y de abandono. Luego será incapaz de saltar. Y después, morirá cocida, irremediablemente.
La gran mayoría de l@s ciudadan@s se comportan como ranas. No quieren creer que la situación es extremadamente peligrosa. Y en cambio creen que l@s mism@s que les han metido en el agua les sacarán del charco. Y entre cotilleos, cañas y partidos de fútbol se olvidan del problema. Y la gran banca y los gobiernos siguen jugando con fuego... y con tod@s nosotr@s.
Saltemos ya.
El futuro está en juego.
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